Cuadros de humor y amor al fresco
Domingos 26 de abril y 10 de mayo , 19 h
Si el humor es un fluido, entonces el amor es un gas. El primero puede ser denso, negro, viscoso, vitriólico, como magma… También ligero, candoroso o refrescante, lleno de chispas. Lubrica las coyunturas, reduce la fricción entre superficies y torna en energía calorífica el movimiento. El segundo, por su parte, tiende a ocupar todo el espacio en que circula con libertad; no lo vemos, pero está ahí y solo lo notamos cuando nos falta. Se expande y filtra por cualquier rendija, por cualquier poro, por cualquier alveolo, cancelando la diferencia entre dentro y fuera, entre esto y eso, entre tú y yo, y fundiendo todos los vosotros y ellos en un nosotros. Estos cuadros, configuran el marco, la hipotética frontera, y contienen ambas sustancias en relación proporcional equilibrada; sin ganancia de función, sin proteínas inactivadas, sin dosis de refuerzo. Acompáñennos, si lo desean, aquí les inocularemos el verdadero antídoto del miedo.



J. L. Alonso de Santos es uno de los más importantes escritores dramáticos españoles de las últimas décadas del S. XX. Autor, entre otras, de las célebres Bajarse al moro o La estanquera de Vallecas -ambas llevadas al cine-, representa, junto a Fermín Cabal, Alberto Miralles o Ernesto Caballero, al nuevo teatro realista y social español surgido a partir de los 80, al calor de la recién estrenada democracia. Si los otros adquieren más riesgos formales y escénicos, Alonso de Santos opta por la creación de una estructura dramatúrgica matriz muy personal, basada en su particular visión de la oposición entre Apocalípticos e integrados, que indicara Umberto Eco. Para nosotros su principal valor está en la habilidad con la que mezcla la comedia y la tragedia en el ámbito reconocible de nuestra cotidianeidad moderna. De hecho, su impronta en la comedia televisiva española de los últimos años es más que notable. El formato del sketchcostumbrista entre el humor y el drama de series como Manolo y Benito, Aquí no hay quien viva, Siete vidas e incluso Cuéntame -tres de las más exitosas series españolas antes del advenimiento de las plataformas- tiene antecedente en la generación de estos autores y especialmente en Alonso de Santos, por la enorme difusión que ha tenido su obra en el circuito comercial y amateur.
Si la comedia de referencia durante el franquismo es la de Mihura, la de la transición y los años siguientes es la de Alonso de Santos. Hoy, su estilo, reflejado en el argot de los personajes, se nos aparece antiguo, noventero, porque la evolución de las telecomunicaciones ha cambiado nuestras relaciones humanas tan bruscamente y en tan poco tiempo, que apenas recordamos cómo era aquello de no estar hiperconectados constantemente. Sin embargo, la soledad del individuo sigue siendo el punto de partida para la búsqueda y más de uno sospechamos que en muchas ocasiones, esta conectividad, se presenta como poco más -y nada menos- que un espejismo, una nebulosa, un holograma. Por eso la mirada a veces ingenua y siempre compasiva con los personajes de Alonso de Santos, nos sigue pareciendo reveladora.

